Un mundo sin palos de selfies
En retrospectiva, no tendría que haber gritado a No-Debi. La propia Debi siempre decía que los gritos no solucionan nada. ¿Pero qué se supone que debía hacer una persona que hacía una semana se había separado, entre lágrimas, en el aeropuerto, de su novia, que viajaba para sus estudios de Doctorado a Australia, y se la encuentra, como si nada, en el Starbucks de East Village?