(des)Cortés
En (des)Cortés se emprende una búsqueda de la figura de Hernán Cortés, no como héroe ni villano, sino como un personaje trágico que encarna la ambición, el deseo y la herida de la Conquista. La voz poética se desdobla: Cortés habla, pero también se desdice. El Conquistador es el padre de las ruinas sin posibilidad de redención. El poemario, construido bajo el pulso de las crónicas, cartas y memorias, abre una grieta en la historia para revelarnos nuestra fragilidad cultural, porque la historia es una disputa de voces que el pasado nunca silencia. Entre imágenes neobarrocas, la voz poética oscila entre la crudeza de la guerra y la intimidad de la nostalgia o el amor, dejando que la herida permanezca abierta. De este modo, los poemas logran que la memoria histórica se vuelva materia estética. (des)Cortés no es más que un espejo que nos obliga a mirarnos en el Conquistador despojado de su armadura, dejando al descubierto una piel que todavía arde en nuestra memoria.