Ruinas líquidas
Aquí lo onírico no funciona como refugio sino como espejo de las emociones humanas más hondas. Zeth Arellano explora los intersticios entre mundos y hace de lo fantástico una extensión natural de la realidad. Sus atmósferas son un organismo vivo que respira ansiedad, belleza y compasión, para transformar lo cotidiano en un paisaje psíquico donde el lenguaje roza lo místico. En Ruinas líquidas, el sueño y la vigilia no se oponen, pero sí se contaminan. Los relatos convocan esa ambigüedad inherente a la condición humana y llevan al lector al terreno de lo íntimo y lo espectral. El desasosiego no proviene de monstruos externos, sino de la propia conciencia. Arellano escribe desde ese umbral ambiguo. Ruinas líquidas es una invitación a habitar ese territorio holístico, donde todo puede ser verdad y metáfora al mismo tiempo; donde la palabra, al igual que el agua, erosiona, transforma y revela.