Consejos y recuerdos de santa Teresita del niño Jesús
Consejos y recuerdos de Santa Teresita del Niño Jesús
En las conversaciones de la Santa con sus novicias
encontramos las más preciosas enseñanzas.
Una de dichas novicias refiere:
-Como sentía desaliento en vista de mis
imperfecciones, me dijo sor Teresita del Niño Jesús:
-V. C. (1) me hace pensar en un niñito que empieza
a tenerse en pie, pero que todavía no puede andar. Queriendo
absolutamente llegar a lo alto de una escalera, para reunirse con
su mamá, levanta su piececito para subir el primer escalón.
¡Esfuerzo inútil! Siempre vuelve a caer sin poder adelantar. Pues
bien, sea V. C. como este pequeñuelo; por la práctica de todas
las virtudes, levante continuamente su piececito para subir la
escalera de la santidad, mas no se imagine que podrá subir ni
siquiera el primer peldaño. No, pero Dios no le pide sino buena
voluntad. Desde lo alto de la escalera la está mirando con amor;
muy pronto, vencido por los inútiles esfuerzos de V. C., bajará El
mismo y, tomándola en sus brazos, se la llevará para siempre a
su reino, donde jamás se separará de su lado. Pero si deja de
levantar el pie, la dejará por mucho tiempo en la tierra. El único
medio de hacer rápidos progresos en el camino del amor —
añadía, consiste en quedar siempre muy pequeña.
Esta edición contiene extractos del diario de santa
Teresita del Niño Jesús (santa Teresa de Lisieux) y los consejos y recuerdos recogidos por su hermana sor Genoveva de la Santa Faz (Celina), quien no sólo era hermana de sangre sino su hermana y discípula según el espíritu.
Santa Teresita confío el día 16 de julio de 1897 a la
Reverenda Madre Inés de Jesús en una de sus últimas conversaciones lo siguiente: «Yo había hecho el completo sacrificio de mi hermana sor Genoveva, pero no puedo decir que no la deseaba. Muchas veces en el verano, durante el silencio de la noche sentada en la terraza, me decía a mí misma: «¡Ah, si mi Celina estuviese aquí cerca de mil... Pero no, esto sería una dicha demasiado grande...». Y me parecía algo irrealizable. Pero no deseaba esta dicha por un sentimiento de naturaleza, sino por su alma, para que ella fuese por nuestro camino... Y cuando vi que entraba aquí, y no sólo que entraba, sino que me la encomendaban completamente a mí para instruirla en todas las cosas, cuando vi que Dios sobrepasaba de este modo mis deseos comprendí qué inmensidad de amor tenía Dios para conmigo...»