Fugitivos
Tras la Segunda Guerra Mundial, muchos criminales nazis escaparon o fueron protegidos a cambio de cooperación. Reinhard Gehlen, jefe del espionaje de Alemania Occidental, reclutó a exagentes de las SS, al igual que lo hicieron los servicios estadounidenses durante la Guerra Fría. Desde elegantes restaurantes alemanes, puertos yugoslavos infestados de contrabandistas, casas francas en Damasco, clubes de campo egipcios o reductos fascistas en la España de Franco, algunos de estos fugitivos se volvieron traficantes de armas o espías, tejiendo una red secreta de influencia desde Europa hasta Medio Oriente que no dudaron en aprovechar tanto los Estados Unidos como la URSS. Su historia, envuelta en secretos, mitos y propaganda, no había sido bien contada hasta ahora.