Todas las veces que fui mía
Fátima cumple treinta años, y algo se rompe. O se abre. O se cae. No lo
sabe bien. Solo sabe que ya no quiere deberle la vida a nadie, ni siquiera
a la versión de sí misma que soñó ser. En el vértigo de una década, aprenderá a despedirse de los mandatos, a bailar con el desastre, a nombrar sus propios silencios, a convertir el caos en método y la risa en salvavidas. No busca el amor. Busca algo más feroz: la libertad.
Esta es la historia de todas las veces que se rompió, se reinventó y,
finalmente, se eligió. Porque, a veces, ser tuya es el acto más radical.