Alguien nos mira desde el jardín
No somos los mismos que hace dos, tres, quince, veinte años. A veces nos levantamos, nos miramos al espejo y no podemos reconocernos, ¿en verdad ese soy yo?, ¿en verdad provengo de ese cadáver del pasado?, ¿lo que soy también será un sedimento más en los estratos de la geología personal? Será que, o bien morimos siempre, o nunca hemos sido algo. Conviven en nosotros una verdadera multiplicidad de versiones propias, una constelación de identidades. Dentro de este razonamiento los cuentos de César Pineda entran para dilucidar la paradoja del ser humano como criatura plural, quimérica y las muertes que cada uno experimenta y, sobre todo, el duelo por verse transformado, aniquilado, hacia un futuro incomprensible, en ocasiones aterrador. Este terror viene al creer habernos definido, conocernos, descubrirnos, y hallar lo alejados de esta verdad.