Epigramas Western
El epigrama es un dardo florido, un aguijón perfumado, un bombón venenoso. Acaso sea posible rastrear una tradición epigramática homosexual: una de sus fuentes sería el Libro XII de la Antología Palatina, dedicado al amor efébico, cuyas composiciones escandalizarían a los biempensantes censores y sonrojarían a los más liberales, tendría en Oscar Wilde un hito y desembocaría en la loca del barrio, que –mezcla de rabia y deseo– lanza puyas verbales contra los machitos. Fruto del ingenio, el epigrama es un arma para quienes blanden la inteligencia contra la mojigatería, la ignorancia, la exclusión y la violencia. Así, nuestro gran epigramático es Salvador Novo. A esta tradición apenas esbozada se suma Epigramas Western, de Miguel Ángel Esquivel, donde el lector (re)conocerá personajes, lugares y situaciones entrañables, dibujados con afilado ingenio.
Saúl Ordoñez