Memoria y Futuro: a 50 años de la Primera Conferencia Mundial sobre la Mujer
La participación de las mujeres en la política y la diplomacia no ha sido un camino dado, sino una conquista. Una lucha por poner en el centro de las agendas los temas que nos atraviesan: la igualdad de derechos, la justicia social, el reconocimiento del trabajo no remunerado, el acceso a la salud, la educación, la tierra, los cuidados, la paz. No se trata solo de ocupar sillas, sino de cuestionar lo establecido y proponer otras formas de ejercer el poder.
En ese largo trayecto, la Primera Conferencia Mundial sobre la Mujer, celebrada en México en 1975, marcó un antes y un después. No fue solo una cumbre diplomática: fue un hervidero de ideas, de voces diversas, de encuentros y también de tensiones. La coexistencia entre la Conferencia oficial y la Tribuna del Año Internacional de la Mujer fue prueba de que el movimiento por los derechos de las mujeres ya no cabía en los moldes tradicionales. Las delegaciones gubernamentales y la sociedad civil se interpelaron, se escucharon, se confrontaron, y con ello enriquecieron una agenda audaz y profundamente humana.
México 1975 reunió a funcionarias visionarias, feministas comprometidas, trabajadoras organizadas, lideresas populares y amas de casa conscientes de su papel político. Desde distintos frentes, cada una se sumó a la construcción de un futuro más justo. La presencia masiva de mujeres en las delegaciones oficiales —un hecho sin precedentes— envió un mensaje claro: las mujeres no solo queremos estar, queremos cambiar las reglas del juego.
Los debates en torno a Igualdad, Desarrollo y Paz no se limitaron a lo simbólico: nombraron violencias, señalaron injusticias y exigieron transformaciones reales. De allí surgieron el Plan de Acción Mundial y la Declaración de México, que propusieron estrategias concretas para modificar actitudes, leyes y estructuras.
A partir de aquella conferencia, se impulsaron instituciones como INSTRAW y UNIFEM, y muchas políticas públicas encontraron en ese momento su punto de partida. México no solo fue sede, fue motor de una conversación urgente y transformadora.