El poder de la proximidad
A lo largo de los años, el desarrollo urbano ha configurado ciudades que operan como un gigantesco y perpetuo metrónomo, marcando el ritmo de la vida cotidiana con un vaivén constante de desplazamientos. Sin embargo, este modelo ha derivado a menudo en una expansión descontrolada, con una fuerza centrífuga desplazando sus habitantes más desfavorecidos, aumentando las distancias y el tiempo necesario para satisfacer necesidades esenciales, comenzando por la más fundamental de todas: el acceso a una vivienda de calidad. El crecimiento urbano fragmentado ha impuesto trayectorias diarias cada vez más largas y costosas, alejando a las personas de su lugar de trabajo, de los servicios esenciales y de su vidas familiar y social. En este contexto, la vivienda deja de ser un punto de estabilidad y bienestar para convertirse en el origen de dinámicas de exclusión, segregación espacial y temporal.