En meditación serena
Con los ojos de la fe abiertos
La mística cristiana no es un misticismo evasivo de la realidad, sino la experiencia del amor de Dios encarnado en la situación cultural en que vivimos y en la compasión eficaz ante el sufrimiento de las víctimas. Esta experiencia de algún modo despierta una semilla divina que todos los seres humanos llevamos dentro y nos constituye.
De la mano de místicos de todos los tiempos, el autor nos invita a abrirnos a esa Presencia de Dios, para ir construyendo ya en este mundo la fraternidad sin discriminaciones. Siempre en la confianza de que todo lo que vayamos tejiendo desde el amor ya nunca muere.
Estas meditaciones brotan de un teólogo que durante muchos años ha buscado con todos sus recursos intelectuales una mejor comprensión de la fe cristiana, encontrando al final de su andadura, la experiencia mística, que prueba su verdad dejándose alterar compasivamente por el sufrimiento de las personas y comprometiéndose hasta donde puede para curar su heridas y erradicar sus causas.