Cuarenta días y cuarenta noches
En esta obra, Patricia comienza acercándonos a una de sus cualidades más extraordinarias: la intimidad. De manera sincera y sin miramientos nos otorga la oportunidad de conocer una parte de su vida, de su pasado, de sus vivencias familiares de manera honesta. Observamos que se trata de algo más que una simple autobiografía u otra forma velada de llevar el duelo, sino que se nos presenta directamente como una memoria, como otra forma de comprender cuál ha sido la narrativa de nuestras vidas y cómo todos compartimos una parte de esas emociones y sentimientos. Asimismo, este texto nos advierte de inmediato que no estamos frente a una obra académica o de corte psicológico, en la que la autora busca las raíces científicas para enfrentar el duelo y la pérdida de un ser amado, sino que se nos presenta como un ejercicio de sensibilidad creativa y de introspección, de reflexión sobre la vida, la muerte, sobre cómo llevamos el duelo de quienes nos han dejado en esta vida, pero también de cómo es que podemos sentirnos a través del tiempo en relación con nuestros seres queridos que aún siguen aquí con nosotros.