¡Sin lucha no hay futuro!
Con una pasión incontenible y con el objetivo de contribuir a la consolidación de la democracia en México, tratando de comprender desde su origen etimológico —“poder del pueblo”—, hasta su implementación en procesos más amplios como la liberación de las naciones dependientes, la organización de la vida y el trabajo con fines no lucrativos, más bien sociales y culturales, me permito compartir algunas ideas producto de mis años de lucha social, con la finalidad de lograr un mejor país y un “vivir bien” bajo las ideas de justicia social —redistribución de riquezas materiales y espirituales—; de extensión de servicios y de bienes básicos; de conocimientos humanísticos, científicos, manuales y simbólicos, todo esto con la intención de incorporarlos en procesos que permitan concientizar a la sociedad para, eventualmente, cambiar el mundo, preservarlo y enriquecerlo, cuidando siempre de respetar las distintas expresiones del pensamiento de pueblos, agrupaciones e individuos.
Es importante para mí ofrecer una sistematización de experiencias vividas en la práctica política y la toma de decisiones. Ante el inminente enfrentamiento con adversarios, propongo la defensa de nuevos proyectos políticos —que respondan a la necesidad de incrustar un legado o una memoria—, sobre todo, para las generaciones venideras, y así enfatizar la importancia de la lucha social, recordando a todos y cada uno, en particular, a los militantes de izquierda que pregonan un México diferente, que: ¡Sin lucha no hay futuro!