Cuando te vas
Diana deja pasar sus días adormecida en un engranaje que resuena en muchos de nosotros: la opresión de una rutina monótona, el cansancio y agotamiento crónico, y la vivencia de que la vida transcurre linealmente, sin sobresaltos, pero al mismo tiempo sin sentido y horizonte. Pero, como la resistente rebeldía de una diminuta flor, que crece a pesar del asfalto, una parte sabia de Diana comienza a mirar y sentir más allá de su monotonía al encontrar, bajo el resguardo de un listón rojo, unas cartas con destinatarios distintos, que expresan heridas, anhelos y temores profundos que no le son ajenos a ella y muy posiblemente al lector o lectora.