Tú, sangrienta infancia
¿Y si en algún lugar, en el tiempo, se estuviera cuidando todo lo que hemos amado de niños? El pasado que narra Michele Mari es el mítico e irrecuperable de la infancia, erosionado a lo largo de los años con una diáspora de objetos y sentimientos cuyo recuerdo sigue sangrando. Sin embargo, en estos cuentos nunca está la nostalgia de una perdida edad de oro, pues la violencia imaginativa del autor teje un rescate altísimo de emociones infantiles ligadas a un universo en que las solas figuras amigas son las de sus personajes monstruos y de pocos y sencillos pero “fatídicos” juguetes.
“Y lo que has amado incluso sólo durante una mañana, cuídalo hasta la muerte” se convierte en un imperativo totalizador, y así un álbum de Cocco Bill puede tener más valor que La Iliada, mientras que los celos por una compañera de grupo siguen suscitando tormentos y antagonismos sin fin. Cada página abre de par en par abismos de melancolía donde irrumpen visiones fantásticas y terroríficas, en las que resuenan nítidas las voces de los autores más amados: Stevenson, London, Poe, Melville. Así, los parquecitos que reciben las distracciones vespertinas de los niños se convierten en páramos inhóspitos, en los que tremendas criaturas mitológicas como las Antiguas Madres vagan; así, un rompecabezas marca la iniciación a una ascesis casi monástica; así, las portadas de Urania o las canciones de los alpinos se convierten en el gimnasio de obsesivas elucubraciones mentales, y todo es tanto más inventariado fetichísticamente cuanto más la vida parece algo reservado para los demás.
Una narración de estremecimientos y precoces neurosis, llevada con conmoción pero también con feroz humor por la voz inconfundible de Michele Mari. El regreso de un libro publicado en Mondadori en 1997, y considerado ya por muchos un pequeño e imprescindible clásico.