El albur: la alegría del idioma
A la larga te acostumbras
Por años se ha visto al albur como una práctica vulgar, casi indeseable,
de personas de baja estofa. Al escudriñar sus expresiones podemos
confirmar que no solo acuden al albur los sujetos menos
cultivados sino también los más ilustrados, y tanto los que alburean
como los que disfrutan de su ejecución, se ven más ensanchados por
las posibilidades expresivas del lenguaje. A todos los preocupados
porque “el albur amenaza a la cultura”, sepan que este juego jamás
ha ignorado las expresiones refinadas. Para nada. El albur ha hecho
algo más inteligente con la cultura: la ha tomado de su Patiño.
Yo confío en el albur, quiero decir, confío en uno de los mejores
creadores de México, el anónimo. Él sabrá ajustar y acomodarse a
los nuevos usuarios sin ningún complejo ni remordimiento: su
naturaleza es hacer reír; no vaticinar, ni pontificar.
Este libro es una muestra de que el albur es poesía que desemboca
en humor.