Todo lo que se olvida ( descenso al exilio)
Todo lo que se olvida se centra en la vida cotidiana, en medio de una atmósfera amenazante e hipervigilada. Esta hipervigilancia la conocemos bien y es voluntaria: permitimos que casi cualquier persona entre a nuestros perfiles de redes sociales, compartimos casi todo, a sabiendas de que ese casi que intentamos ocultar se puede rastrear con un poco de pericia digital. De ahí que sólo tú sabes qué tanto te preocupa que alguien revise las entrañas de tu teléfono, de tu computadora o de las cámaras de videovigilancia que tienes en tu casa o en tu trabajo.
Los personajes de esta novela buscan una salida.
Una salida del país, del matrimonio, del tedio, de la exhibición, del crimen... Poco a poco se van cayendo las máscaras y nos enfrentamos a aquel horror oculto y en espera de ser develado por alguien más hábil. Son personajes dependientes de la tecnología, varios de ellos tan jóvenes que cuando nacieron ésta ya se había instalado en sus crianzas. Todas y todos terminan alienados.
No podría decir que se descubre lo mejor y lo peor de cada uno, pero sin duda se descubre el desconocimiento del otro, de uno mismo, lo incómodo.