Cartas a Ricardo
¿Por qué enviamos cartas, mails, larguísimos audios de WhatsApp? ¿Por qué insistimos en narrar la vida, nuestra vida, como si necesitáramos un testigo, una mirada, un espejo que pudiera devolvernos una versión de nuestra existencia más real, con mayor densidad, textura o peso? En una de las primeras misivas de este volumen, Rosario Castellanos expresa una percepción evanescente de sí: la sensación de ser un fantasma, de estar a punto de desvanecerme en el aire, persiste. Escribimos cartas para tener la certeza de que somos reales, de que lo vivido puede perdurar más allá de lo efímero, del vértigo del instante. Escribimos cartas como un método de constatación de quienes hemos sido; como un artefacto hecho de palabras que dota de materia tangible, todo lo que, aparcado únicamente en la memoria, se encuentra expuesto al olvido, a la borradura, a la intemperie.