Sonido de gardenias
Sonido de gardenias (Son – ido de gardenias), es la obra poética de la infancia mágica de uno de los mayores poetas latinoamericanos. Esta niñez está nutrida de fantasmas, chaneques (duendes), diablillos y leyendas vivientes: El charro negro, La llorona, etc., además de la exuberante vegetación del trópico, que para el poeta fueron un gran diálogo con el misterio y la verdad ontológica (metafísica, poética y sagrada). El título tiene su nacimiento en la importación por vez primera de la flor de la gardenia, de Andalucía (pero su origen es asiático), por su abuelo paterno agricultor a Fortín y Córdoba (Veracruz) para su cultivo y comercialización. La flor prosperó, proliferó, con tanto éxito en esta tierra jarocha que Frotín se llamó (bautizada por Álvaro Obregón) Fortín de las Flores y esta rubiácea se convirtió en un símbolo de Veracruz. El título juega con la canción “Perfume de gardenias” que se convirtió en una especie de himno veracruzano y el comercio de la jazminoides floreció en su región adoptiva cordobesa. Es el son ido de gardenias en el siglo XIX y hasta casi la tercera parte del XX, que aún tiene eco sin tiempo en esta máxima poesía. Un barrio trenil es el escenario (de arquitectura extraordinaria porfiriana con dos estaciones: la de Istmo y la del Mexicano, con trenes como el Meridiano y el Mixto, además del Istmo, el Mexicano y anteriormente el Huatusquito), que conectaba, arterias vibrantes del país, todo el Sureste con el Centro. Poemas narrativos intensamente poéticos, que alcanzan la mística y mítica de una obra maestra de nuestro ser mexicano.