Las caras de la luna
La luna es la madre nutricia que arropa y alimenta los sueños de sus hijas en la tierra. Es un remanso de agua tibia y nacarada: sabe calmar los dolores del alma. En las noches de mayo, la luna se impregna del verde aleteo de la libélula cuando, atenta, escucha las promesas de los amantes. La luna es oleaje, testigo de otros mundos; pero también es memoria de calamidades, de sequías, de sombras esquivas, de muerte.
Los poemas de Las caras de la luna dan cuenta de las distintas facetas de la maga celeste, en tanto madre terrible. Esta es una lectura que emula una puesta en escena itinerante. Dicho andar guarda la esencia de un peregrinaje arquetípico. Quien se aventure al viaje lunar podrá deambular entre las líneas e imágenes que se entretejen, a lo largo de estas páginas, como si fueran finas serpientes de plata.