MéxicoMéxico
Detalle
ISBN 978-607-69812-0-7

Río que suena en el corazón
Río Atoyac, sierra de Guerrero

Autor:Rojas Arellano, Wilivaldo
Colaboradores:
Ramos Koprivitza, Frida Varinia (Prologuista)
Castro Mondragón, Alfredo (Editor Literario)
Editorial:Castro Mondragón, Alfredo
Materia:Crónicas y temas especiales
Público objetivo:General
Publicado:2024-04-26
Número de edición:1
Número de páginas:96
Tamaño:13.7x21.5cm.
Precio:$200
Encuadernación:Tapa blanda o rústica
Soporte:Impreso
Idioma:Español

Reseña

Este libro es para propios y extraños, un libro que sin duda, “suena en el corazón” porque está escrito desde ahí, desde lo más profundo de un sentir verdadero, que se despoja de toda investidura científica o académica, para desde el corazón hacer la crónica, desde lo más intrincado de la sierra de Guerrero y desde lo más agreste de las propias montañas, que hablan, resuenan desde sus entrañas, que pocos conocen a cabalidad y que pocos pueden entonces, precisar y mostrarnos los caminos, las rutas, los senderos y mucho menos decirnos quiénes son sus habitantes naturales.
Nos referimos a la edición de Río que suena en el corazón. Río Atoyac, sierra de Guerrero de Wilivaldo Rojas Arellano, quien literalmente utiliza el cauce y los afluentes de este río para hacer un hilo conductor y llevarnos por este nuevo género literario que él, de algún modo, establece, al conjuntar crónica, leyenda, música, poesía y relato; es asimismo un texto de denuncia y protesta: una escritura de vida y memoria.
Este libro es entonces y además un noble relato de la geografía y sus habitantes, sus cultivadores tanto de la tierra como de las ideas libertarias; sus caminantes, sus seres originarios y el terruño que los vio nacer, en el marco de una gran belleza y esplendor y como lo dice el propio Rojas: “… ahí donde las gaviotas juegan con la brisa del mar…”
Un río que recorre la sierra, que hace justicia a todos los pobladores que han desarrollado su vida en este lugar y para quienes no somos de ahí, resulta ser una guía de cantos, de veredas, de encinos y pinos, de aromas de coco y café, que no sólo muestran un paisaje, sino que muestran filosóficamente la importancia de la Naturaleza, en una gran reflexión coloquial, sin pretensiones, pero no por ello menos profunda; reflexión que sólo la literatura y los ojos agudos y amorosos de un cronista comprometido, podría haber hecho.
Vivir la entraña de la tierra, el fluir de las aguas, el respirar el aire en el que “los colibríes con sus ojos de diosas…” revolotean por doquier o seguir el rastro del jaguar y recuperar la huella de todo lo sembrado, todo esto no podría hacerse sino es con el amor y el compromiso social que posee, una responsabilidad histórica que asume para honrar a quienes pertenecen a esta región y para dar a conocer a quienes no son oriundos o para las nuevas generaciones, dándonos a saber a la manera de la tradición oral, rescatando este medio, frente a las grandes redes digitales, para ofrecernos hechos, lugares, sabores, nombres y costumbres que el tiempo suele borrar si no hay este tipo de testimonios que van al sitio y hacen un trabajo de campo.
Este esfuerzo nos evoca a un poeta muy destacado del estado de Guerrero, quien comparte esta mirada de admiración y asombro en su “Canto a Atoyac”, Rubén Mora:
Al pie de la azul montaña. | Yo ha venido a sumar mi canto pobre
a la columna sobre | la que se alzan los timbres de tu gloria,
porque también te debo el homenaje | de hablar de tu paisaje
que llevo para siempre en la memoria.
Es así como nuestro autor se suma a este significativo homenaje a la Naturaleza y a los hombres y mujeres que dignifican su condición de ser libres, con una voluntad colectiva por hacer consciencia de nuestro origen y destino. Frida Varinia

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