El monopolio de Dios
Eran las últimas décadas del siglo XIX y la situación del país seguía igual: los pobres más pobres, y los ricos más ricos. Las familias ricas mantenían un círculo muy cerrado en el cual no era permitido que cualquiera sin alcurnia ni dinero se infiltrara.
Ismael era creyente, pero no hallaba a su Dios. “Dios no quiere a los pobres”, “es solo para los pudientes”, “ama a los poderosos, por eso los hizo ricos”. Josefina “Bibi”, la hija mayor del matrimonio Torreblanco y Escandón, una distinguida y admirada familia de la Ciudad de México, que al parecer lo “tenía todo”, no contaba con el giro que el destino tenía preparado para ella.