La formación del sistema monetario mexicano durante la transición de la Nueva España al México independiente
La moneda es un invento del ser humano y, como tal, puede estar sujeta a escrutinio histórico. Así, este libro recorre distintos órdenes, desde lo relativo a la política y legislación, hasta lo referente al comercio y vida cotidiana. Además de sus funciones principales –medio de intercambio, unidad de cuenta y medio de atesoramiento–, la moneda suele condensar significados, aspiraciones y proyectos. Muchos de ellos aparecen a través de la historicidad propia de la moneda y con la circulación de mercancías que poco a poco dan cuerpo a sistemas de medidas y utilidades. Estos sistemas son intentos de normalizar las pautas culturales por medio de las cuales la moneda intermedia en las transacciones. Están condenados a la transformación constante en vista de que los valores de uso y cambio son tan históricos como la moneda misma. Prueba de ello es que las sociedades que la fabrican aprovechan para enviar múltiples mensajes en el grabado de su superficie. La cualidad singular de las monedas para manifestar cuál fue el contexto que las forjó e hizo circular hace que sus alegorías actúen como portavoz político y económico. Desde las épocas de la Nueva España, el oro y la plata constituían los dos metales en los que podía sustentarse la acuñación, un bimetalismo que implicaba la fabrica¬ción y convertibilidad del numerario de ambos metales desde un estándar cambiario. En este marco de lineamientos monetarios, entre 1808 y 1825, los virreinatos, capitanías y provincias de la América española se separaron de la corona, heredando y ratificando el sistema octaval y bimetálico. Escaseaban los elementos que ofrecieran soluciones a la disgregación territorial, siendo la moneda una de las pocas vías para unificar destinos. En consecuencia, se instrumentaron directrices para controlar áreas no-dales como la división de poderes, administración de justicia, fiscalidad, comercio e incluso el orden eclesiástico, asuntos de particular relevancia en ese entonces para la res publica. La moneda estaba inserta en ese listado, era parte integral de arreglos institucionales in extenso
El presente estudio de la moneda en México aborda un contexto de “transición” sui generis, categoría histórica que ha encauzado el dialogo con los estudiosos de la época. La mirada a la moneda en la transición al México independiente puede enmarcarse en cinco grandes bloques de perspectivas: 1) los mercados en la Nueva España; 2) la historia de la moneda desde la fiscalidad; 3) la historia de la minería; 4) la numismática y, 5) los trabajos sobre historia de la moneda. Sobre los primeros cuatro bloques cabe decir que –no queremos confundir al lector– ninguno de ellos es simple y llanamente historia monetaria. Algunos se acercan más a ella, pero siempre persiguiendo objetivos de estudio que toman a la moneda como medio para entender configuraciones económicas, políticas y hacendarias ulteriores. Con todo, la recurrencia a estos bloques es necesaria por los razonamientos que ellos tejieron incluso antes de que surgiesen trabajos sobre moneda y casas de moneda y, por supuesto, por las fuentes compartidas.
La configuración de mercados internos en la Nueva España es un campo de estudios que sigue dando material de discusión. Lo que podría parecer un conjunto de organismos municipales, como el pósito y la alhóndiga, era en realidad la punta del iceberg para series complejas de relaciones de producción y consumo con alcances geográficos que en ocasiones rebasaban las fronteras del virreinato.