Cándido
Si el lector tuviera que preparar una de esas "maletas de lectura" que los exploradores del siglo XIX
cargaban consigo a las entrañas de África o al Polo Norte, Cándido o el optimismo formaría parte del
equipaje, por su originalidad, por su ironía, por su velocidad, por sus corrientes de incontenible
comicidad, por su prodigiosa inventiva.
El joven Cándido, discípulo del doctor Panglós, a su vez discípulo de Leibniz, filósofo del optimismo,
padece el infortunio de ser fiel a la lección aprendida en la adolescencia: el "nuestro es el mejor de
los mundos posibles". Tal doctrina, que impide el maravilloso criterio de pensar por uno mismo, se
ve refutada a cada momento por una avalancha desastrosa de acontecimientos: Cándido soporta
guerras, sufre inquisiciones, sobrevive atroces terremotos, fatiga los países y los mares, causa
muertes y recibe heridas, y es el testigo perplejo de una humanidad que se mueve a tontas y a locas,
deforme, degradada, bastarda, esclavizada. Si este maratón de desdichas puede seguirse con una
sonrisa siempre próxima a estallar en una carcajada a mandíbula batiente, es gracias a la desatada
y exuberante imaginación de Voltaire, dotada de una visión tan divertida como profunda.
François-Marie Arouet (París, 1694-1778), para la posteridad Voltaire, es una de las personalidades
intelectuales más brillantes y provocadoras del siglo XVIII. Poeta, pensador, ensayista personalísimo
y libérrimo, paladín de la tolerancia y la justicia, hombre de genio, discutidor intrincado, campeón de
la denigración, creador de ficciones descabelladas, fabulosas, frenéticas. El conjunto de su obra,
reunida en cincuenta volúmenes, es una suerte de apasionado alegato contra todo tipo de ideología,
ortodoxia u oscurantismo; contra todas aquellas tiranías que adormecen a la conciencia con
opiniones parasitarias.