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Reseña

Prólogo


Sustentabilidad y desarrollo son dos términos que
nos acompañan a diario en nuestra vida. ¿Qué tan
compatibles son en estos tiempos inciertos
marcados por crisis a niveles local, regional y
global enmarcadas por un cambio climático global
que nos acerca a la medianoche de la extinción
humana (aún a 100 segundos)? La reciente
pandemia del COVID nos ha dejado lecciones
duras sobre la incapacidad de muchas autoridades
para manejar las amenazas globales. De aquí la
importancia de los Seminarios Internacionales de
exalumnos del DAAD que han servido para llamar
la atención sobre algunos aspectos relacionados con
el desarrollo sostenible o sustentable.



Retomando algunos aspectos históricos, el
concepto de desarrollo sustentable ha sido el
resultado de acciones concertadas por un grupo de
naciones con un modelo paradigmático que
supuestamente es compatible con el bienestar de las
generaciones actuales, las futuras y con un
ambiente a salvo de la destrucción. Su premisa se
encuentra en los Ocho Objetivos de Desarrollo del
Milenio (ODM) de las Naciones Unidas, que
surgieron como resultado de la Cumbre del Milenio
de las Naciones Unidas celebrada en septiembre del
año 2000 en Nueva York (192 naciones
participantes). Estos objetivos, cumplidos o no,
dieron paso en 2015 a la Agenda 2030 para el
Desarrollo Sostenible aprobada por la Asamblea
General de las Naciones Unidas, supuestamente
después de una amplia participación de diversos
países y sectores. La Agenda 2030 comprende 17
Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS) con 169
metas y que centran su atención en las personas, el
planeta, la prosperidad, la participación colectiva y
la paz con el propósito de poner fin a la pobreza,
luchar contra la desigualdad, la injusticia, y
garantizar la protección del ambiente y sus recursos
naturales.

Sin embargo, este concepto está aún en
construcción y, aunque se ha enriquecido con los
aportes de diferentes actores, se utiliza de manera
tan indiscriminada y en ocasiones vacía que se aleja
de su significado e intención inicial. Por ello un
grupo de 100 científicos en una carta señalan que
“La gente sufrirá más si los profesionales se
engañan sobre el desarrollo sostenible” y piden a
la ONU que abandone el concepto de desarrollo
sostenible, debido a los 30 años de fracaso
demostrado por su lealtad al capitalismo global
(https://www.resilience.org/stories/2022-0523/people-will-suffer-more-if-professionals-deludethemselves-about-sustainable-development-letterto-un/,
consultado
el
27
de
mayo
de
2022).

Me permito algunas breves reflexiones al respecto.
Evidentemente los límites a los cambios
tecnológicos adquieren relevancia debido al
impacto que tienen en la destrucción de nuestro
ambiente. Indiscutiblemente, algo hemos hecho mal
y hay que mirar con más detenimiento al
conocimiento ancestral, sobre todo el de los
pueblos originarios. La ciencia y la tecnología
necesitan del diálogo de saberes con las
comunidades en sus distintos asentamientos.
Solamente así será posible adoptar las tecnologías
socialmente más adecuadas. Igualmente importante
es atender los desajustes que se manifiestan entre el
tiempo que dedicamos a la convivencia y
construcción social y los ritmos que nos imponen
los cambios tecnológicos y las supuestas bondades
del tiempo de ocio y descanso dominado por una
parafernalia de aplicaciones tecnológicas y
contenidos que distan mucho de propiciar
verdaderos valores humanos y sentimientos de
solidaridad y empatía humanas.

Aunque no coincido con el hecho de que los
objetivos del desarrollo sostenible sean algo que no
debe estar en la mira de la comunidad científica,
pues sigue siendo una guía de acción para un futuro
mejor más allá de sus limitaciones, el valor de la
reflexión de los científicos firmantes de la carta
mencionada radica en que lo que sí atenta contra el
desarrollo sostenible es el modo actual de
producción con su secuela de desprecio a los
valores humanos y el encumbramiento del afán de
riqueza individual. Baste mirar lo que se dedica al
desarrollo y lo que se dedica a la guerra, que es la
filosofía del despojo. Dijo un reconocido estadista
"desaparezca la filosofía del despojo y desaparecerá
la filosofía de la guerra". Otra manifestación clara
de lo que atenta contra el desarrollo sostenible se
vio durante la pandemia. Simplemente, con una
obscenidad evidente, los ricos aumentaron su
riqueza, encabezados por las compañías
productoras de las vacunas. Definitivamente los
marginados, los excluídos, los parias, los que
pertenecen a otras modernidades no reconocidas
por la occidental, no entran en la gramática del
desarrollo y lo sostenible.

De lo anterior se deriva la importancia de atender
los aspectos sociohumanísticos del desarrollo
sostenible. Los distintos capítulos de este libro, en
su heterogeneidad, abordan los aspectos relativos a
la indisoluble cuarteta agua-energía-alimentosecosistemas
y
aspectos
como
la
equidad
de
género,

la
educación
para
el
desarrollo
y
la
resiliencia.
Esta

tercera

edición del Seminario Pequeño
Internacional de Alumni/Alumnae del DAAD:
Sustentabilidad y desarrollo, enfocado a los
aspectos sociohumanísticos también nos deja una
obra que nos invita a reflexionar sobre cómo lograr
un desarrollo sostenible que sea verdaderamente
universal, sin exclusiones.


Prof. Dr. Amado Enrique Navarro-Frómeta
Profesor-Investigador
Universidad Tecnológica de Izúcar de Matamoros
Premio Estatal del Agua, Puebla, México
Doctor en Ciencias Químicas, Instituto Azerbaiyano de Petróleo y Química M. Azizbekov (1977)
Licenciado en Química, Universidad de La Habana (1971)

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