Éticas de la serenidad
La invitación helenística
“Vivimos en sociedades cuyos desafíos tienen un carácter acumulatorio”, este enunciado de Gabriel Schutz en el libro Éticas de la serenidad. La invitación helenística, lo desglosa en nuestro afán por acumular bienes, méritos, puntos en algún escalafón y hasta millas para poder viajar. En contraparte, la invitación helenística se centra en retomar al filósofo antiguo que investigaba en su propia vida cómo convenía vivirla, con el único fin de alcanzar la felicidad. Se abordan aquí la ataraxia o ausencia de turbación, y la apatehia, que es el estado mental que alcanza una persona que está libre de alteraciones emocionales. Exponer su contraste y reflexión son puntos esenciales en esta publicación.
La imperturbabilidad del alma o ataraxia, aspiración suprema de la sabiduría helenística, ha sido recurrentemente malinterpretada, haciéndola aparecer como un fin que exhorta a una vida mustia, insensible, anestésica. Esto obedece, en parte, al hecho de que este ideal fuera formulado con una expresión negativa (como no-perturbabilidad) y, en parte, al modo como la filosofía académica suele aproximarse a la antigüedad, haciendo reconstrucciones meramente filológicas o exegéticas y dejando a un lado la experiencia viva. A través de una minuciosa descripción fenomenológica, la investigación yaciente en Éticas de la serenidad. La invitación helenística busca restituir el sentido genuino de la ataraxia en estoicos, epicúreos y escépticos, a fin de arrojar luz sobre los motivos que llevaron a estas escuelas a identificarla con la plenitud del carácter moral y la cumbre de la felicidad humana.