Han apagado ya las luces
El mayor hallazgo del texto radica en que la muerte es también alumbramiento, una profunda toma de conciencia a partir de la pérdida de un hijo. El yo poético se sabe un arquetipo de todas las mujeres que han pasado por esta tragedia y los doctores y las enfermeras se le presentan como seres que habitan un infierno personal. La madre de un nilo muerto es Dante bajando a los infiernos. Pero no desde la posición moralmente superior, sino como una penintente más porque una culpa la señala, la castiga. El poema no trata de convencernos de nada, aunque es rico en imágenes, carece de adornos artesanales, de florituras, de pompas de jabón, de colores celestes. El texto, en cambio, es descarnado, se lamente pero no con tristeza sino con rabia, con fuerza pero sin desgarramiento, el yo poético se conduele hasta el final rescatando siempre la dignididad de quien se sabe con el poder de dar vida. Pero también es música. Por eso es un gran poema, porque es música.