Continente negro
No encuentro palabras más dignas que los versos epígrafes, escritos por la misma autora, para comenzar un preámbulo a su obra. Así tampoco encuentro si es más adecuado comenzar refiriendo la presencia de mujeres escritoras, la práctica tan epidérmica (como aquí se presenta) de la escritura, o de todos los nombres, travesías y ruidos que contiene este libro.
Porque más que los temas o motivos, es necesario reconocer que el libro ante nosotros es pronunciación poética, y que ésta podrá burlar el orden sintáctico e incluso la lógica gramatical, por lo que sería absurdo pretender cualquier jerarquización respecto a los temas. Por tanto, considero que será necesario leer este poemario abstrayendo, al menos un poco, el orden del logos, tal como un entrelace de hebras o raíces que se tocan entre sí en distintos momentos y que van penetrando sitios íntimos de la tierra de nuestro lenguaje. Y es posible que su presencia se haya anidado desde siempre sin que nos demos cuenta. Porque al contrario de lo que solemos creer, el lenguaje es el que nos hace posibles y no a la inversa. Las raíces y las hebras siempre se han encontrado ahí, a través del lenguaje y a través de nosotros. María Zambrano ya lo ha vislumbrado no sólo somos palabra y razón, somos también el sonido primitivo, que ya era lenguaje, que nos antecedió y acogió.