Falsa muda
En falsa muda encontramos los ecos de un diálogo que Giselle Ruiz sostuvo con otras mujeres. Leemos una narrativa contada a partir de confesiones personalísimas que se tejieron a partir de vivencias cuyos matices son tan diversos como quienes las cuentan. Mediante un lenguaje que evidencia su oficio, Giselle Ruiz acude al discurso poético para emprender una reflexión en torno al lugar que ocupamos las mujeres en el mundo. La representación de lo anterior, la lleva a cabo a partir de una comparación entre algunos rasgos comunes entre las aves caseras y las mujeres. Giselle, dice: “un ave enjaulada es también un ave enferma”. La enfermedad y el silencio serán entonces, algunos de los tópicos desde los cuales el libro se va escribiendo.
También es justo decir que Falsa muda atraviesa permanentemente por espacios luminosos y abiertos. Esto es posibilitado por el uso de la palabra poética y su capacidad de resignificar, a caso restituir. Cada uno de los poemas es un traer al presente algunas de las narrativas que hoy más que nunca signan el momento histórico: la casa, el cuerpo, la familia, el paso del tiempo, la otredad y la reflexión en torno a sí mismas y al mundo que habitamos. En ese sentido, el libro increpa de un modo inteligente los distintos mandatos sociales que de manera autoritaria y vertical han pretendido definir los modos de ser y estar en el mundo. Falsa muda es un libro indócil que se ha rebelado a esos mandatos, al silencio y a la jaula. Se abre frente a nosotros como una ventana inmensa por la que cruza la afirmación de que sí es posible renombrar esas narrativas que probablemente han sido contadas sólo desde el dolor.
Eva Castañeda