Para comerte mejor
Anorexias y políticas del cuerpo femenino
Helena camina sola. Siente sus piernas livianas y etéreas sobre los tacones altos. Ha perdido más de 20 kilos y su angustia se conjuga con el placer secreto de sentirse esbelta. Su peregrinar empezó meses atrás cuando, sin causa aparente, comenzó a sufrir problemas gástricos: descomposturas, vómitos, dolores intensos, hinchazón. No solo ningún médico logró darle un diagnóstico definido, sino que la mayoría de los especialistas, a pesar de su desesperación, remarcaba “que se veía bien”. Hasta una nutrióloga le aseguró que no necesitaba aumentar de peso, pues su figura le parecía estupenda. Helena, una profesional preparada y cosmopolita, no podía dar crédito a las indicaciones de los médicos que, independientemente de sus especialidades, insistían en el valor de su delgadez, desoyendo su búsqueda de auxilio desesperada ante una desnutrición progresiva, y un malestar intolerable que le impedían trabajar, disfrutar del alimento, y hasta pensar.