Leopoldo María Panero o las máscaras del tarot
Las pasiones bien llevadas pueden salvarnos del abismo. Leopoldo María Panero es una de las que más he atesorado en mi vida. Hace ya casi dos décadas que conocí al poeta y a su obra. Desde el primer momento aquel encuentro, que hasta la fecha considero místico, no ha hecho más que brindarme bendiciones. Por El Demiurgo entré en contacto con personas extraordinarias, visité lugares tan recónditos como seductores y me convertí en uno más de La Legión Panero. Por El Demiurgo también este libro se publicó en el extranjero, en Miami, en el año de 2017.
Cuando tuve la fortuna de encontrarme con Leopoldo me propuso que lo invitara a México. Me reconforta pensar que, con la generosidad de El diván negro, estoy cumpliendo la petición de ese hombre-poeta, hombre-loco, hombre-iluminado, cuyas palabras siguen trastocándonos por la madrugada.
La edición mexicana del presente ensayo goza cabalmente del halo mágico, fraterno e irracional que siempre ha presumido Panero en mi vida. Nuevamente las pasiones brindan esa luz en medio de la eterna oscuridad con que se teje la miseria humana.