La dicha de los perros
¿Has visto a tu perro restregar el lomo contra el césped, o el calor que reclama de su cama? Patas al aire, cuerpo en movimiento, en gozo: blanco, negro, pinto, caramelo, pequeño o grande. Viven. Nada más. Y en ese simple habitar el presente nos recuerdan que la civilización, eso que llamamos progreso, también puede ser una trampa que nos aleja de la tierra, de la contemplación, de la dicha que un perro encuentra sin buscarla.
La dicha de los perros es un poemario para quienes viven con prisa y no se han dado cuenta de cuánto les cuesta. Para humanos ocupados y tristes que buscan una mirada distinta. Para quienes ya intuyen que hay otra manera de estar en el mundo —más lenta, más animal— y quieren nombrarla. Son poemas que recuperan nuestro paso calmado de cazador-recolector, que nos devuelven al canto del árbol y al grano de tierra, y que nos invitan a amar y a dolernos en armonía con el animal que somos.