Miedo a que un día no estés
Durante años, Leslie Santos fotografió a su abuela Celia en la casa que la vio formar una familia, recibir vecinas, criar hijos, consentir nietas y nietos, acumular historias. Una casa larga, como tantas del centro de Mérida, donde cada habitación guarda una anécdota y cada objeto parece contener una conversación pendiente.
Las imágenes que integran este libro no buscan la perfección ni la nostalgia idealizada. Son fotografías realizadas desde la cercanía, el afecto y la necesidad de preservar momentos cotidianos que, con el paso del tiempo, adquieren un valor extraordinario. La risa espontánea, la hamaca vacía, la mesa compartida, las arrugas que cuentan una vida entera.
Porque sabemos que llegará el día en que las personas que amamos ya no estarán físicamente con nosotros, las fotografías se convierten en refugio, en testimonio y en puente hacia la memoria. Un intento de conservar aquello que el tiempo inevitablemente transforma: los espacios que habitamos, las personas que amamos y los pequeños rituales que construyen una vida.